viernes, 2 de junio de 2017

Impotencia: Ira y llanto.

Hace tiempo descubrí algo que no es ninguna ciencia, pero que muchas veces las personas olvidan. Me refiero a lo que lleva a la consecuencia llamada ira. Claro, porque eso es. Y no digo que sea consecuencia de un detonante como un comentario o situación (también lo es, pero no quería ir a eso) sino de otra cosa que sentimos.
Injusticia. Puede ser, a mí me pasa como consecuencia de eso. Aunque hay algo aún más profundo. Bueno, me dejo de dar vueltas: el término que buscamos es IMPOTENCIA. Debido a la deformidad del alma y de la mente de la sociedad en general, esta palabra se suele asociar a lo sexual (como casi todo); usualmente burlándose de quien la padece o padeció alguna vez. Pero pocas veces es utilizada cuando corresponde. ¿Acaso ante una injusticia que creemos que no podemos arreglar no nos surge como resultado de la misma?

Y ahora sí; luego de ella, viene la reacción. Encontré ira y llanto como las más usuales. Lógicamente que puede haber resignación también. O resiliencia; depende de la actitud que tome la persona en ese momento. Sin embargo, me parece que las más habituales son las mencionadas primero. O sea, ira y llanto. Ahora, hay que desmenuzar ambas. Porque el llanto también puede ser consecuencia de la ira. Ya veremos eso.

Empecemos con la ira. Uno se enfurece por la situación. Si logra tener control sobre sí, no va a andar matando a nadie… ni siquiera, golpearlo/a… aunque parezca tremendista, sabemos que esas cosas se nos pueden cruzar por la cabeza. Bueno, golpear puede ser. Lo otro, ya sería un mucho más grave que se nos pase por la mente… En fin, la furia puede manifestarse con gritos. O simplemente levantando la voz. Por lo menos, expresando la injusticia de la cual creemos ser parte. Porque si no, toda esa amarga sensación queda dentro de nosotros y nos puede acarrear enfermedades. A esta altura, hasta la ciencia logró comprobar que el estado emocional negativo puede enfermarnos. Y que el positivo ayuda a sanarnos.

Pero puede ser que no exterioricemos nuestro sentir. Gran problema. Pero por algún lado sale. Hay gente que tiene la necesidad de llorar y largar toda esa impotencia mediante las lágrimas. Es un buen recurso también. No olvidemos que la situación que nos ocurrió se puede haber dado en lo laboral. Y ahí no siempre podemos expresarnos con gritos… Por eso, para expresar esa ira, llorar en soledad puede descargarnos. Aunque también existen personas que prefieren desahogarse con alguien que lo/a escuche. Puede haber llanto mediante. En este caso, uno siente la necesidad de ser escuchado. Llorar completa la descarga de la densa energía.

Y con respecto a otros motivos que puedan desencadenar la ira se encuentra uno muy particular: la gente que siente que el otro no respeta sus códigos. Habitualmente, esto se conoce con la frase “no tiene códigos”. Es absurda por demás, ya que todos los tenemos. Solo que pueden diferir bastante. Pero que los tenemos, los tenemos. Acá entra a jugar un papel importante la tolerancia. La persona de enfrente puede o no estar de acuerdo con nosotros, pero no por eso vamos a tener la razón o verdad…

Hasta aquí llegó mi inspiración de un texto que había empezado hace meses. Ya hay buen material para trabajar internamente. Yo ya lo estoy haciendo de hace rato. Recordemos: no nos va a salir “perfecto”. No importa: la perseverancia y la aprehensión de las experiencias propias (y también ajenas) va a ser el resultado que buscamos para mejorar en lo que nos propusimos trabajar. 

viernes, 24 de marzo de 2017

La consciencia de sí (1)

La gente cree vivir en el estado consciente durante toda su vida. Pero esto no es cierto. Lo peor de todo, es que a muchos les parecerá ridícula esta afirmación. Sin embargo, al afinar un poco la atención, nos podemos dar cuenta de que vivimos en un estado de piloto automático. La consciencia rara vez la conseguimos. Tal vez, si una persona o un objeto nos gustaron, podemos ser conscientes de eso, pero… ¿a QUIÉN le gustó?

Así es: somos el sujeto tácito. Claro, el del análisis sintáctico. Se da por hecho que soy “yo” al que le gusta esa chica. Aunque al recordar ese momento, es probable que solo nos acordemos de detalles externos, porque NO NOS ESTÁBAMOS PRESTANDO ATENCIÓN. El solo hecho de observarse a uno mismo mientras observamos el exterior, puede brindarnos una nueva experiencia y diferentes sensaciones cada vez que lo hagamos.

Pero esto no es nuevo. Lo hacemos de manera… raro decir que tomamos consciencia de manera inconsciente. En realidad, llegamos a ese estado de “consciencia de sí mismo” y no le damos mayor importancia. Lo asociamos a un momento de felicidad o alegría intensa y nada más. ¿Cuándo se puede dar esto? Ejemplos que recuerde en mi caso particular:

Luego de 5 años sin irme de vacaciones, finalmente pude hacerlo, hace un tiempo atrás. Recostado en la playa, pude tomar CONSCIENCIA DE SÍ y disfrutar el momento. Me veía ahí, recostado, disfrutando de un gran momento de relax. Tan solo eso. Y yo, feliz.

En la cancha. No soy alguien que vaya a ver los partidos al estadio, pero he ido en 4 ocasiones. Curiosamente, no fue en la primera sino en la segunda o tercera vez que asistí que logré llegar a verme a mí mismo en ese estado de felicidad: yo, acá, en este lugar. Pensar que siempre lo veo por tele. ¡¡¡Esto es maravilloso!!!

Me puse como ejemplo para relatar con un poco más de detalles las experiencias (tampoco tantos, no e’ nesario diría Carlos Saulín). La idea es que busquen ejemplos similares en sus propias vidas. También me ha pasado estar con alguna chica que yo creía “inalcanzable” (por la belleza física) y sentir la misma sensación de sorpresa y alegría: “¡¡¡Guau!!! Yo, acá, y con esta chica. ¡¡¡No lo puedo creer!!!”

Ahora, les toca buscar a uds. mismos estas experiencias. Cabe destacar que, en los ejemplos que di, por propia voluntad llegué a ese “estado”, por tener experiencias previas. Ver un paisaje maravilloso, escuchar una melodía agradable, oler el perfume de una flor, degustar una comida exquisita, tocar un cuerpo delicado… cualquier excusa es buena para tomar consciencia y acordarse de uno mismo (pero prestando atención, al mismo tiempo, del objeto, persona o situación). Y no tiene por qué ser algo tan intenso. El solo hecho de estar viendo televisión puede ser un buen momento para intentarlo. Tal vez, nos demos cuenta de la basura que siempre miramos. O que la estúpida publicidad con la musiquita pegajosa, no solo es estúpida, sino que logró su objetivo de quedarse grabada en mí, justamente, por la musiquita pegajosa…


TO BE CONTINUED…

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cultural-mente


En esta oportunidad, quería ocuparme de lo “culturalmente aceptado”. Puede ser en Argentina, puede ser en el mundo. Ya veremos a medida que transcurre el texto.

Empecemos con el deporte más popular: el problema no es que el jugador de fútbol este sobrevalorizado, sino que personas que sirven desde su trabajo sean tan poco valorados. El ejemplo más claro suele ser el de los médicos: salvan vidas, cierran heridas peligrosas, etc. Si bien yo tengo una disyuntiva con los ortodoxos, que te mandan fármacos hasta el ojt en lugar de remedios naturales (como pueden ser el jengibre y ambay, que tratan más eficazmente los resfriados y gripes) y que te pueden dar tanto tiempo de vida porque así lo indica el “manual”. Aunque es muy cierto que prestan un gran servicio a la humanidad. Yo no tengo estómago ni sangre fría siquiera para ver cómo hacen las operaciones. ¡Imagínense si me animaría a abrir a alguien! Para nada. Atender y operar a chicos o bebés: ¡Esos sí que merecen varias medallas y honores! Pero en fin, a lo que quiero hacer referencia es que brindan un importante Servicio. Y además, están de acá para allá. Ni que hablar de los bomberos. Claro, el trabajo voluntario… Ahí no hay vuelta que darle: sí arriesgan la vida. Y “voluntaria-mente”… Y también otros oficios y profesiones, como los maestros (una vez más, que sean humanos y no rígidos con el programa). Pero lo importante del caso es que, por comparación, parece inaudito que los futbolistas ganen bastante más. ¿No es desproporcionada la diferencia?

Pasemos a otro tema que puede responder la pregunta anterior: hace unos meses, en mi último trabajo, tuve compañeros cubanos. Entre las diferencias culturales que aprendí, hay una que me llamó poderosamente la atención: en Cuba, el valor de una casa es equivalente al de un auto acá. Y viceversa. Claro, es mejor tener donde vivir. El transporte se puede solucionar de otra manera y listo… no recuerdo que me dijeron acerca de los alquileres de viviendas. De todas formas, lo importante es darse cuenta que algo estamos haciendo mal por estos lados… ¿Qué será? ¿Será que hacemos las cosas al revés? No estamos tan errados: en todo el mundo se hacen las cosas a la inversa en diferentes disciplinas...

Y ni que hablar del voto. Prefieren votar a los conocidos. Claro: “mejor malo conocido que bueno por conocer”… Viejo dicho, que habría que ir erradicando. Si nos quejamos de que las cosas están mal y votamos a alguien que sabemos que no las va a mejorar (aplicado a partir de Carlos Saulín): ¿De qué nos quejamos? Está bien, LA MAYORÍA es la que votó a ese candidato. Pero, aun así, la mayoría que le sigue votó a otro, que era igual o peor opción. Ahhhh, pero era conocido… Nunca la oportunidad a alguien nuevo (o no tan nuevo) que pueda ofrecer algo medianamente diferente.


Hay muchos ejemplos más de la idiosincrasia argentina (o de cualquier país). El tema es reflexionar sobre lo que nos impone la cultura. Exacto, eso que nos enseñan. También, la palabrita tradición nos puede jugar en contra. Entonces, rebelémonos contra lo que nos dicen. No por ser rebelde buey o re heavy, re jodido, sino para hacer algo diferente. Si la rebeldía puede llevarnos a otros caminos y la expresamos con respeto y firmeza, nos sentiremos más libres. O sea, pudiendo expresar lo que sentimos.

lunes, 19 de diciembre de 2016

El escrito egoísta


Desde hace un tiempo estoy “recibiendo” sutiles (o no tanto) mensajes de parte de la vida. Un poco lejos del trabajo interno, aunque intentando mantenerme. Pero he dejado que mi ego me guíe en gran parte. Por eso, estuve descuidando el yo interior y le daba más importancia al parecer, a lo externo. A creer que es más importante el físico, a darle importancia al qué dirán… En fin, no me había dado cuenta. Y ahí empecé a recibir los mensajes del Universo (curiosa sincronía, cuando escribía Universo, la canción que escuchaba nombraba esa palabra): por querer demostrar todo el peso que levantaba en la prensa en el gimnasio, terminé teniendo una fuerte molestia en la ingle derecha. Más adelante me daría cuenta que era una hernia. Hace unos días, me pegué un tremendo porrazo en la escalera del trabajo. Y algunas cosas más. Pero la cuestión es que no puedo hacer ejercicio físico, por lo tanto, puedo prestarle más atención a lo interno (NOTA ACTUAL: nunca terminó quedando establecido por los cirujanos a los que vi que fuese una hernia inguinal. Aunque, aparentemente, las ecografías mostraban algo, los 3 experimentados dijeron que no).

Bonita manera de enseñar tiene la vida, podría pensarse. Sin embargo, si lo vemos desde una óptica distinta, yo mismo me busqué eso. Si cuando estaba en éxtasis en los Cursos de Crecimiento Personal, creía que ya no dejaría de prestar y prestarme Atención. Y si eso pasaba, que recibiera recordatorios o pruebas para volver al trabajo interno. Entonces, parafraseando a Enrique Barrios, el Amor (ah, claro, me refiero al sentido superior de la vida, a Dios = Amor, al Todo, al Universo) es Paloma, pero también es León. Entiéndase esto como la parte dura del Amor (no me refiero al que sentimos los seres humanos habitualmente, sino al que podemos llegar a percibir cuando estamos en un estado de consciencia más alto que el habitual). Y el grado de “dureza”, depende de lo que hayamos hecho, o sea, karma. No es más que la consecuencia de nuestros actos, la famosa ley del bumerang, todo se paga. Aunque haya escuchado mil veces acerca de la aparente injusticia de la vida o de Dios, sé que esto es una clara ley. Las cosas SIEMPRE se pagan, sea en esta encarnación o en la próxima. Ahhhh, no esperaban eso. Así pos sí…

Entonces, retomando, recibí un recordatorio acerca de que este cuerpo no me lo voy a llevar “al otro lado”. Cuidarlo, sí. Hacer ejercicio y mejorar la salud, también. Por qué no, ejercitarse para verse lindo. Pero cuando uno se va al extremo, aun cuando no haga taaaanto ejercicio pero sí esté pendiente del físico como lo más importante, entonces puede estar pifiándole.

De esta manera, vuelvo a caer en el error de querer demostrar y me olvido de ser. Una vez más, a levantarse y seguir. Es solo una cuestión de actitud…

Para finalizar, les comparto una frase que le dijo una amiga a mi mamá, y ella me la transmitió hace poquito. Decía más o menos así:


“Te reciben por lo que mostrás, te despiden por lo que sos”.

A mi querida Patria. Esa redondita…

Tanta rivalidad, tantos opuestos, tanto exitismo, me llevan a escribir esto que pienso desde hace tiempo, pero ahora, un poquito más ordenado...

¿Cuándo va a entender la gente que en la política no hay que ensuciar al otro, que lo que hay que hacer es buscar el posible bien que le haga su candidato al país, provincia, etc.? Recuerdo que antes, en los debates, los candidatos atacaban al otro en lugar de mostrar lo que iban a hacer. En la actualidad, hay una situación que me resulta muy extraña entre los 2 únicos candidatos que quedaron: uno de los 2 ataca directamente al “rival”. Sea el mismo, o los que le hacen campaña. Independientemente de gustos,  creo que esto es muy peligroso. Porque la gente empieza a hacer lo mismo y peor: no ve los errores de “su” candidato, solo contraataca con los que cometió el opositor. Y tampoco ve lo bueno de su competidor. Y lo mismo pasa en el deporte: con la excusa esgrimida del folclore del fútbol, permanentes “ataques” al cuadro adversario de toda la vida, mirando más sus caídas que los logros propios.

Un pequeño descanso (de una oración nomás):

Miremos esta situación en la vida cotidiana: la importancia que le da la gente a lo que hacen los demás, la envidia por tener tal o cual cosa (material o no), o mirar solo lo propio, como si lo demás no importara...

Volvemos de la pausa (o del Corte), meses después:

Este escrito empezó con la elección presidencial anterior, cuando quienes le hacían campaña a Scioli, defenestraban a Macri. Y no me importa si tenían razón o no, no es ese el tema. Más bien, lo que me importa es empezar a mostrar lo mejor de uno y no andar interesándose por lo que hace o deja de hacer el otro. Y esto va para todo el mundo…

Y ya que “actualicé” este escrito, lo mismo podemos decir de River y Boca. Estos últimos, contentos por su victoria en el Superclásico, se cansaron de cansar a propios y extraños. Y cuando el Millo ganó la Copa Argentina, lo mismo. Ojo, los fanas de River también hacen lo suyo; ya no soy ajeno a que ambos son insoportables, aunque por encuestas propias, los bosteros siguen liderando ese ranking. Y también podemos aplicarlo al mundo en general aunque, en este caso, más centrado a Sudamérica. El llamado folclore del fútbol sobrepasa toda cargada. En lugar de disfrutar del espectáculo, también las canciones de la hinchada van dirigidas al eterno rival. Y el canto, por ejemplo, “A la Boca la vamo’ a quemar” es una innecesaria reacción. O robar banderas de otros equipos como trofeos… robar siempre será robar.


Pero en fin, la actitud de fijarse en la otra persona para ver que está haciendo, me recuerda al hecho de culpar a los demás. Difícilmente la gente se fija en sí misma. Todo “es culpa de…”, muy raro que alguien comparta responsabilidad (y no culpa). Y eso se refleja en todos los ámbitos. Sería interesante que cambiemos el esquema mental. Quien les escribe, lo intenta hacer. Hace rato no digo, por lo menos de verdad, que tal cosa “es culpa de…”. Ahora, a nivel interno, eso puede ser diferente. Pero lo importante es eso: auto observarse, prestar atención. Solo queda lo más complicado. Por supuesto, APLICARLO PRÁCTICAMENTE.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Mente lógica y mente analógica


Este escrito viene a raíz de una respuesta que me dieron a una pregunta que hice (que era más provocadora que otra cosa, porque más o menos entendía el punto; quería que reflexionen sobre lo que me decían).

El tema era la casualidad. Por un lado, me decían que creían en la causalidad. Pero, por el otro, que también creían en la casualidad. Aunque en la suerte no… Esto me contrarió un poco, porque no le veía lógica al asunto. Si creés en Dios, generalmente entendés que es perfecto y que todo tiene su propósito. Entonces, las cosas son causales, o sea, con una causa definida. Punto. Nada más. No es que no se pueda creer en lo otro también, pero sería contradictorio.

Lo mismo pasa con la suerte. Si uno cree en Dios, entonces la “suerte” no tendría mucho sentido. A menos que se la defina, al igual que la casualidad, algo así como “la ley no reconocida”. Tomé prestada una definición de Hermes, en la explicación de su Sexto Principio, el de Causa y Efecto. Más o menos todos lo conocen, es la famosa ley del búmeran: todo lo que uno hace, vuelve (en esta o en otra encarnación, tema complejo); independientemente de si sea “bueno” o “malo”. Esto cierra con la idea general de un Dios que es amoroso y que tiene el control de todo (la idea puede variar, recuerden que antaño lo pintaban celoso, iracundo y vengativo; claro que esto era reflejo de la humanidad de aquel tiempo). Ahora, si el que hablara fuese un ateo u agnóstico, ahí cambia la cosa. Al no aceptar o al dudar de la existencia del Supremo, su discurso de la casualidad estaría acorde con su pensamiento.

En base a lo explicado, debo decir que en el caso que mencionaba al comenzar, la explicación no cerraba con mente lógica ni analógica. ¿Y cuál sería la diferencia?
La mente lógica es la racional, la del cerebro. La analógica, sería la mente “natural”. Claro que es delicado hablar de lo que cada uno considera que es natural en el ser humano. Y cuando uso esa palabra, no me refiero a algo instintivo. O tal vez sí, aunque no meramente instintos primarios. A ver: los animales actúan por instinto, no razonan. Sienten que tienen que hacer las cosas de determinada manera, como un dictado interior. Los seres humanos, por el contrario, solemos racionalizar nuestras actividades. Al ser los únicos seres que tenemos esa capacidad (en este mundo, y sin contar con posibles extraterrestres que vivan por estos lados) se nos debería hacer más fácil tomar consciencia de nosotros mismos. Pero no… la general desconexión con lo natural o el “sentido común” (el menos común de los sentidos, lamentable-mente) hace que no aprovechemos nuestras capacidades. Inclusive, se supone que somos la especie que más amor puede dar. Sí, así mismo. Aunque los perritos sean tan tiernos, ellos valoran mucho más nuestros gestos, porque esta energía amor que tenemos los humanos se irradia con mayor fuerza en nosotros que en cualquier otro animal. Después, cómo usamos esa capacidad, tema de cada uno…

Pero para no desviarme del tema, voy a dar un ejemplo: quienes no creen en Dios, aducen que no lo han visto; por lo tanto, no existe. Desde una mente analógica, uno puede deducir que una Inteligencia Creadora tuvo que haber hecho todo el Universo (o “los” Universos, quien sabe), no puede simplemente expandirse la energía así porque sí. Además, ahí entra en juego la intuición, el sentir interno. Si uno ha experimentado una real sensación de Amor (porque sí, situación difícil, como ser Feliz porque sí), puede llegar a la conclusión que fuimos hechos por Amor, solo porque Dios quiso compartirse con todas las criaturas. Si uno que es pequeño e insignificante, por lo menos comparado con el Sistema Solar simplemente, e inclusive así puede dar amor (ahora con minúscula), ¿qué podrá hacer el Creador de todo? Acá entraría otro Principio de Hermes Trismegisto, el Segundo: Como es arriba es abajo. O sea, podemos llegar a darnos cuenta como serán las cosas en un Orden Superior a través de nuestro comportamiento. Pero no debemos rebajar lo Alto a nuestro nivel, sino más bien a la inversa. Ejemplo prestado de un gran autor y maestro: Egoísmo puede significar con nosotros no compartir algo importante con otra persona. En un plano más elevado, egoísmo puede significar no descender a servir en un orden más bajo de existencia por miedo a perderse entre más bajas vibraciones…

De todas formas, a nivel de mente “científica”, en lo que respecta al tema Dios, entre los cavernícolas y la actualidad, no avanzamos mucho… Claro, ver para creer… sentir lo dejamos para los soñadores y débiles… en fin, así actúa la mente de la masa. El problema está en que la sociedad del mundo no suele actuar NI SIQUIERA CON LA MENTE LÓGICA en muchas ocasiones. Tienen el concepto de que tal cosa no se debería hacer, pero lo hacen igual. ¿Y por qué pasa esto? Ahí entran las entidades negativas (lo “contario” a los seres de luz), pero creo que aún no me animo a expresarme sobre eso.


Les dejo la invitación a que prueben la mente analógica, esa maravillosa mezcla entre la razón y la intuición.

domingo, 22 de mayo de 2016

Inspiración: La seguridad en sí mismo


El quitarle la seguridad en sí mismas a las personas, es algo que las vuelve vulnerables. Algo similar había captado yo cuando escribí mi libro, solo que lo puse con otras palabras y refiriéndome a la culpa:

De todos lados, desde nuestros padres hasta los desconocidos, pasando por maestros, amigos y familiares, nos llega la acusación de: “por tu culpa”. A esto, se le puede dar una explicación: desde tiempos remotos, en donde la ignorancia reinaba largamente (aún hoy, pero un poco menos) se hacía esto. No intencionalmente, obvio, por eso destaqué que se trataba de ignorancia. Si nos detenemos a analizar, el hecho de echarle la culpa a otra persona, REBAJA SU AUTOESTIMA. De este modo, el individuo que se “hace cargo” de esta culpa, no se siente bien consigo mismo. En realidad, el objetivo de la persona acusadora ES DESLIGARSE DEL HECHO, PARA LIBERARSE DE LA RESPONSABILIDAD. Todo esto, generalmente, de manera inconsciente, ya que ninguna persona verdaderamente consciente podría hacerle un mal de este tamaño a nadie”.


“Entonces, podemos entender que la culpa puede hacer ganar seguidores de alguna religión, partido político, etc., teniendo en cuenta lo que produce rebajar la autoestima de la gente para dominarla. Y así, uno termina creyendo que es normal sentirse culpable, que es parte inevitable de la vida. Pero... ¿es verdaderamente así o hay algún otro camino?”

¿Les resulta familiar? Rebajar la autoestima, o sea, la estima que tenemos por nosotros mismos, a través de comentarios negativos. Pero, como se mencionaba anteriormente, esto no es hecho adrede. Pero nos deja a merced del otro. A pesar de que el individuo de enfrente no tenga intención (consciente) de manipularnos.

Entonces, podemos sacar en limpio que todos/as tenemos momentos de inseguridad algunos/as más, otros/as menos (como en todo), pero lo importante es DARSE CUENTA de esto, llevarlo al plano consciente. Y al hablar de consciencia, me refiero a cuando nos percatamos de algo y nos hace como un clic en la mente. Y, en ese momento, digamos que tomamos conciencia de nosotros mismos, aunque sea un ratito. Tomar consciencia de uno mismo sería como cuando estamos en un lugar al que siempre soñamos llegar, o en unas ansiadas vacaciones y expresamos:

“Yo, acá, en este lugar. ¡Guauuuu! ¡¡¡Esto es maravilloso!!!”

 Espero sepan percibir lo que quiero transmitir, ya que se comprende más con el alma que con la mente, o con las 2 en conjunto, en su justa medida.

Bueno, entonces, viendo la inseguridad en la que caemos, nos podemos dar cuenta de lo que genera en nosotros. Un ejemplo más mental, sería como si fuésemos nuestro propio observador: Si nos viéramos desde afuera de nosotros mismos, digamos, como si estuviésemos arriba nuestro y fuésemos “la cámara” y la persona que está ahí sea otra. Difícil, porque habría que despegarse de creencias, sentimientos y otras cosas propias. Pero créanme, que es la mejor forma. De hecho, sabemos que es más simple aconsejar a los demás que aplicar el propio consejo en nosotros mismos…


Seamos, entonces, la “cámara”. De esta manera, si nos vemos desde más arriba de nosotros mismos (o sea, desapegándonos) y hacemos de cuenta que “ese” (o “esa”) es otra persona, podríamos actuar con mayor lucidez. Nada cuesta probar. Y ahí, tratar de recuperar la confianza, la seguridad en uno mismo. Sin irse a los extremos de la soberbia y del “solo importo yo”, claro está. Punto medio, como en todo ;-)