viernes, 10 de noviembre de 2017

La idea de espiritualidad de la gente

La gente suele tener una idea puntual acerca de lo que es espiritualidad. Por regla general, consideran que los espirituales son “puros”, gente buenita que no comete “pecados”. Se suponen que son personas tranquilas, dispuestas a no entrar en conflicto. Algo así como santos. Pero, ¿esto es verdaderamente así? Ya lo veremos más en profundidad.

Si bien en esta época hay mucha gente que desea hacer algo que acaricie o la conecte con su espíritu, es muy probable que solo se queden en eso y no apliquen en la vida cotidiana. ¿A qué me refiero? Si nada más podemos relajarnos en circunstancias favorables, por ejemplo, en tranquilidad, con música relajante y sahumerios, entonces, ¿qué pasa cuando salimos a la calle? Eso es toooooodo un trabajo interno. Y ya que mencioné el tema, la espiritualidad sin trabajo interno, es algo que se queda a mitad de camino. ¿Por qué? Bueno, pongamos el ejemplo mencionado alguna vez, guiándonos por palabras del capítulo 16 de El libro de Dios Amor en su capítulo 16, de Enrique Barrios:

1. El Amor es dulzura
caricia
perdón
misericordia
pero ese es sólo uno
de los lados del Amor

2. Porque Amor es a la vez
justicia
y severidad
tiene un aspecto corrector
que es también protección

3. El Amor es paloma y león
y si no cuenta con ambos brazos
no es verdadero Amor

La gente que gusta de la espiritualidad se suele quedar solo con la parte “paloma” del Amor. Y, por supuesto, al encontrarse con alguien que la saque de su eje en el torbellino de la vida cotidiana, la espiritualidad se fue a tomar una siesta y sale el viejo querido ego a tomar su lugar… No se sabe cuál pueda ser la reacción, pero lo cierto es que la falta de trabajo interno deja las cosas “al azar”. Religión y espiritualidad no suelen fomentar el trabajo interno, aunque perfectamente pudieran hacerlo. Hay una alternativa mucho menos conocida, justamente, porque no está al alcance de las masas: el Esoterismo. Es difícil acceder a esta opción, primeramente, porque hay que conocer a un instructor que se haya formado en una Escuela de esas. Pero si se llegara a conocerlo/a, ya hay un gran paso dado. Resta saber si el instructor termina aceptándolo a uno como alumno. Claro, porque no es que a uno le van a enseñar así porque sí, él debe intentar percibir si el futuro aspirante puede tiene la capacidad de poder separarse, mínimamente, de su ego, y dejar ingresar la enseñanza. Que no es naaaada de fácil, más teniendo en cuenta que contar con la presencia de alguien de carne y hueso que te señale defectos genera una ruptura en la gruesa capa de ego con la que uno viene de la vida “profana”.

Dejo hasta acá ese tema para volver al central: la idealización de lo que debe ser un individuo espiritual, se vuelve un problema para quien intenta entrar en esas temáticas. Porque puede verse forzado a dar explicaciones por errores cometidos, ante la posibilidad de reclamos de los de afuera. Esta idealización o perfección, es uno de los más grandes errores del ser humano. Se ve en todos lados, pero tomemos el ejemplo de la religión: se dice que solo Dios es perfecto. Aun así, se le reclama a las personas que no cometan errores y que sean casi perfectos… al margen de esto, es importante recordar que CADA PERSONA TIENE UN DIFERENTE NIVEL EVOLUTIVO. ¿No podés dejar de comer carne porque te gusta? Y bueno, no te prives de ello. Pero no te condenes tampoco.


Culminando el texto, aliento una vez más a realizar trabajo interno. Observarnos aunque sea un par de veces al día para “cazar” conductas repetitivas, verdaderos “vicios” adquiridos, que si no contrarrestamos intentando dejar de lado, después se nos hará casi imposible, por la “cristalización” de los mismos. Espiritualidad y trabajo interno de la mano, para ser lo más consecuentes posibles con nuestro pensar y proceder, pero sin autoexigirnos al máximo, para no desperdiciar energía inútil. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

Las justificaciones


Hay un verdadero bicho interno que atenta contra nuestro trabajo interno: las justificaciones. Me refiero a las que nos hacemos a nosotros mismos. Sí, parece estúpido, pero vamos… sabemos que nos justificamos de nuestros actos casi con la misma frecuencia con la que los justificamos ante los demás. Tal vez, más que eso todavía.

Las justificaciones actúan como un amortiguador ante nosotros mismos. Y lo que amortiguan es lo que, realmente, debería ver nuestro verdadero Ser, nuestra esencia. Pero sí lo viera tal como es, o sea, si pudiera ver la inmensidad de nuestro ego (acá me refiero al conjunto en general de los eguitos) la verdad que nos podríamos terminar muriendo de vergüenza… Bueno, esto sería así si partimos de la base de que el Todo es Amor, Dios Amor. No pretendo intentar convencer a nadie con el texto, por eso, no habrá explicaciones solo intelectuales, sino que también empíricas. Ahora, sí alguna persona siente resonancia interna con lo que escribo… todo bien. No se pre-ocupen, no les voy a cobrar derechos de autor J

Continuando con el tema, se podrán percatar de que estas justificaciones son peores que las que usamos con la gente. Claro, porque de última, los demás son ajenos a nosotros, es decir, no viven NUESTRA vida. Pero si nos mentimos a nosotros mismos, estamos cometiendo una gran estupidez. Con esto no estoy fomentando el egoísmo, solo que nos ocupemos de la parte de “amarnos a nosotros mismos”.


Equilibrio y auto-observación. Y amor, por supuesto.

lunes, 25 de septiembre de 2017

La perturbación sexual de la gente

Ya está, los atrapé... sí, porque puse la palabra sexual. Y hasta la persona más casta cae en esta “trampa”. Trampa porque la energía sexual (real y no morbosa) es SAGRADA y de altísimo poder. De ahí a que se nos muevan muchas otras energías a la hora de hablar de sexo o con solo leer o escuchar la palabra.

Aunque por todos lados esto sea así, especialmente en Argentina (y particularmente en Buenos Aires), hay una tendencia a asociar casi cualquier tema con las típicas bromas bobas referidas a algo sexual. Esto, parece ser más común en los trogloditas, o sea, la mayoría de los hombres...

Todo lo mencionado posiblemente tenga mucho que ver con prohibiciones y tabúes sobre la sexualidad. El modo de verlo en algunos lugares de Oriente es completamente diferente; tal vez, coincidente con una espiritualidad más elevada que también recibió hace mucho tiempo, aunque en esto último no voy a ahondar ni a explicar la relación que encuentro.

Y para meterme un poquito en quilombos (que parece que me gusta), vamos a ver algunas facetas del catolicismo: prohibiciones y amenazas de diferentes tipos, bastante alejadas del cristianismo primitivo. Y aún más atrás, en el Antiguo Testamento, tomando como Pecado Original algo relacionado a la sexualidad o a la desnudez. Más cerca veo yo al relato de la Torre de Babel, en donde una de las interpretaciones muestra a los hombres en una muestra de arrogancia queriendo construir una torre hasta el “cielo” que le dé fama. Voy a dejar hasta acá este tema, para no generar más lío.


Y 2 años y pico después, retomo, metiéndome con los musulmanes (pero sin bardear a Mahoma, que no soy kamikaze): ponen a un sexo por sobre el otro. De entrada, lo más arcaico que uno pueda ver. Sumado a que todas las leyes favorecen a los hombres. Un hombre puede cometer adulterio y no es ni un poquito escandaloso (incluso, tener varias esposas). Ahhhh, pero la comete la mujer y es una de las mayores tragedias…

Con todo esto quiero hacer notar la influencia de esta poderosa energía. Anteriormente, hablé de la “real” energía sexual, diferenciándola de la morbosa. ¿Cómo? ¿En tu pareja hay momentos íntimos de puro “amor” y sin morbo? Bueno, técnicamente con excitarte por el tamaño de una teta o del pene, ya es morbo. Claro, porque me refiero a esa energía que tanto se refieren como la fuerza de la vida. En India, hablan de los Chakras. Para lo que nos compete, estaríamos hablando del segundo Chakra (también conocido como sacro). En Reiki (en Japón), es el lugar llamado Hara, más precisamente el inferior. Allí es donde se acumula el Ki (energía). Y si nos damos una vueltita por China, por ejemplo en el Tai Chi, nos encontramos con algo similar (aunque puede que aquí se haya desarrollado primero ese concepto), ya que nos hablan del Chi, y esa zona es llamada Tantien (también inferior). Ahhhh, perdón: la zona a la que me refiero es interna, no tiene que ver con el físico. Pero si la queremos ubicar, está entre dos y cinco dedos por debajo del ombligo.

Bien, aquel que haya experimentado con energías mediante lo mencionado o por otras disciplinas, entiende de lo que hablo. Particularmente, la he sentido con más fuerza practicando Chi Kung (ejercicios de respiración que, en mi caso, los practico antes de empezar la secuencia de Tai Chi). Se percibe como calor en esa zona por debajo del ombligo; probablemente, en las manos también exista. Y un rendimiento físico un poco más alto. Inclusive, puede aparecer el deseo sexual más intenso.


Si nos empezamos a observar, vamos a notar varias cosas de las que hablamos. Así es: una vez más, el consejo es auto observación. Y Consciencia. Y Amor.

martes, 12 de septiembre de 2017

Reiki, Tai Chi y trabajo interno


Una bella trilogía. Tres pilares fundamentales en mi vida.

El trabajo interno, ese que descubrí con claridad en el 2008, aunque desde el 2007 lo percibía, luego de leer “Ami, el niño de las estrellas”. Siempre en mi vida desde ese momento. Bueno, en este caso, “siempre” no significa “a todo momento”. Incluso, con grandes lapsus, pero retomándolo finalmente. Atención a mí mismo y exterior. Amor en el corazón. Tratando de que convivan aceptablemente el centro motor, emocional e intelectual. Y también, lo que me motivo a escribir mi libro, Conocete a vos mismo: expresar tanta información que tenía adentro y necesitaba compartir.
Tai Chi, que llegó luego de un intento frustrado de aprender Aikido. Lo que ocurrió fue que donde me inscribí daban Hapkido y un mix de Aikido. Pero en el Hapkido hay golpes, cosa que en el Aikido casi no. La tercera clase, al empezar a practicarlos, ya no fue lo mismo y dejé. Buscando una alternativa más tranqui para llevar mejor la reciente descubierta hipertensión (hablo del 2016), me decidí por Tai Chi, un poco resignado. Y parece que cuando uno no pone demasiadas expectativas, o no muy altas, las gratas sorpresas aparecen. ¿Cómo iba a imaginar que estaba aprendiendo más que una disciplina espiritual? Sí: un arte marcial chino de origen milenario. Claro que acá no se suele dar la parte de combate, pero uno puede imaginarlo con los movimientos de las secuencias, aunque en “cámara rápida”.

Reiki, el último en llegar. Lo conocía por parte de Ana, una amiga de mi mamá, que cuando fui para que me haga masajes terminó haciéndome Reiki. Ella me explicó en aquel momento que con esa fiebre que tenía, no convenían los masajes, porque me la podía desparramar por todo el cuerpo (o eso recuerdo que me dijo). Esas manos calientes que no me tocaban, me sorprendieron totalmente. Estaba tan hecho pelota que terminé por ceder a aquello que ella me había dicho que podía pasar: si te dan ganas de llorar, hacelo tranquilo. Luego de terminada la sesión, me sentía renovado, libre, aunque todavía un poco enfermo. Pero fue también en 2016 cuando me decidí a hacer los 2 primeros niveles de Reiki, con una Master que era alumna del maestro de Ana. Ando con ganas de aprender el último, aunque todavía no me decido.

Bien, luego de la introducción, debo decirles que me gustaría que esta trilogía la pueda usar para ganarme la vida (sumando a los cursos “oficiales” de masajes para poder ejercer correctamente). El trabajo interno es algo que cualquiera puede hacer, pero si no hay o si no hubo alguna vez un Maestro de carne y hueso que señalara cosas, incluidos tirones de orejas, es difícil avanzar. De todas maneras, aun así uno no tiene nada asegurado. Y con esa importante claridad en el polo Consciencia, más la aportada por la importante clave Dios=Amor, el master Don EB fue una gran inspiración en mi vida. Aparentemente, solo me tendría que “mandar” para difundir esta Enseñanza, aunque no es naaaaada de fácil. Más teniendo en cuenta que no es solo buscar alumnos y enseñar, esto es diferente: la puerta angosta. Ya veremos cómo se da.

En cuanto al Tai Chi, me ayudó mucho a mejorar mi movilidad. Acostumbrado a más acción, como jugar fútbol o algún otro deporte e ir al gimnasio, el Tai Chi más los ejercicios de Chi Kung le dieron un giro al control de mi cuerpo (y también de mi mente y alma. ¡Cómo los 3 centros del 4 Camino! Qué casualidad tan causal)… El Sifu (maestro) consecuente con lo que expresa con sus palabras, transmite tranquilidad y a la vez tiene un equilibrio entre ponerse firme y bromear. A pesar de las risas que pueda haber en clase, tiene la autoridad necesaria para pedir silencio cuando no corresponde hablar. En fin, para llegar a enseñar alguna vez esta bonita arte marcial me di cuenta que hace falta muuuuucho tiempo de práctica. Bah, como con Reiki y Trabajo Interno, solo que en estos tengo un poco más de camino andado.

El Reiki completó la trilogía. La maravilla de manejar energías, más precisamente, la Energía Universal. Yo lo veo como Magia Blanca (Magia para sanar y no para dañar). A mi Maestra la he visto 2 veces de manera personal solamente. Sin embargo, me he comunicado varias veces para pedirle consejos y ella siempre servicial. Esta Magia que me “entregó” es espectacular. También, los Principios del Reiki, que a veces me olvido de practicar… Cuando me decida, voy a hacer el último nivel para poder enseñar también, aparte de poder hacer Reiki.

En fin, son 3 cosas muy importantes que pueden ayudar a la vida de cualquiera. Por dar un ejemplo, la adaptación a los cambios es un tema recurrente en el trabajo interno, pero que me suele costar. Me entró más en la cabeza cuando el Sifu dio un ejemplo concreto de la vida (sí, también para hablar con nosotros sobre enseñanzas o experiencias suyas de vida) y dijo: el que se adapta, sobrevive. Duro al ego, pero demasiado real. Y eso me recordó a la resiliencia. Si bien no he tenido, verdaderamente, circunstancias muy complicadas, la he aplicado con efectividad en esos años de arduo trabajo interno.

Bueno, hasta acá llegó el escrito. Era más para expresar lo que significa esta trilogía en mi vida, pero espero que les haya servido lo relatado para sacar elementos importantes. 

Babay.

domingo, 30 de julio de 2017

La consciencia de sí (2)


En la parte 1 de este escrito, habíamos terminado con un ejemplo que hablaba de la IDENTIFICACIÓN  de uno mismo con una publicidad.


Ahora bien, ¿acaso no nos identificamos con casi todo? Con el semáforo que miramos, con la chica que pasa, con el cartel que leemos, con la chica que pasa, con lo que dice alguien con quien conversamos, con el árbol, con la parte trasera de la chica que pasa… y tantas otras cosas, como la chica que pasa. O sea, nos “convertimos” en eso que observamos o escuchamos. ¿Y nosotros? ¿Dónde estamos? En el escrito anterior decía que somos el sujeto tácito, como en el análisis sintáctico de la oración. Damos por sentado que allí estamos. Pero es como si no lo estuviéramos. Intentar comprender esto es muy importante. Solo voy a decir que es tan importante observarse como observar alrededor, y en lo posible, AL MISMO TIEMPO.

Y hablando del afuera, la cantidad de influencias externas que tenemos son una gran causa de que nos identifiquemos (a esta altura recordaremos cuantas veces dijimos que nos “identificamos” con tal cosa)... Rara vez sean una interesante influencia. Por ejemplo: alguien que nos hable de una religión de manera fanática o con el librito en la mano, solo repite rituales y puede que hasta nos esté faltando el respeto sin insultos. En cambio, si alguien nos habla de la misma (o de otra religión) dándonos su propio punto de vista o enseñándonos ciertas características de esa creencia, nos está enriqueciendo.

Continuando con la consciencia de sí mismo, tenemos que tener en cuenta algo muuuuuy importante. Pero extremaaaaadamente importante… bue, re exagerado. Aunque en serio, es una clave para enfrentarse a la loca-mente: detectar la cantidad de pensamiento que pasan por la misma. Sí, tal vez miles. Unos desconectados de los otros. O tal vez no tanto. Sin embargo, la realidad indica que estábamos mirando una olla y terminamos pensando en tal persona que nos hizo una que no la podemos perdonar. Y la olla quedó solitaria y sin nuestra atención, pobrecita… Quiero decir que nos olvidamos completamente de lo que hacíamos. Me acuerdo unas cuantas mías. De ayer incluso. Alguna de hoy, tal vez, aunque no viene al caso.

Retomando, el detectar estos pensamientos puede hacer que nos demos cuenta de algunos que son justificaciones. El ejemplo que voy a poner es duro:

Sabemos que… perdón, saben que los que comen carne (yo también, pero como no como, me quedo al costadito) están comiendo cadáver de animal. “Pero si todos lo hacen”. “Pero si de todas maneras van seguir matando vacas”. “Pero si”…

Todos estos peros, “amortiguan” el impacto que tendría en nosotros si tomáramos real consciencia. Como sé que el de comer carne es un tema delicado, más conflictivo que hablar de política, religión y fútbol juntos, me hago cargo, por ejemplo, de comer derivados como lácteos y huevos. También, por supuesto, con sus justificaciones correspondientes… En todo caso, piensen como justificamos el no mandarle mensaje a “esa” persona tan especial o amigo. “Yo no le voy a mandar hasta que no me pida disculpas”. “Siempre le mando, que me mande él/ella”. Y bla, bla, bla. Y nosotros que nos morimos de las ganas de mandar el wts… ¿Es mejor quitarse esas ganas y encontrarse con la realidad o seguir quitándonos energía con el falso orgullo?


Continúa en la tercera y última parte.

Rechazar y ser rechazado

Vaya lío en el que me meto: escribir sobre un tema en el que caigo recurrentemente y me cuesta resolver. Pero bueno, al transcribir mis experiencias también puedo ayudar. Ahí voy.

Desde muy chico este fue un tema difícil de resolver para mí (aún hoy, pero tengo más elementos para resolver estas situaciones). El rechazo le molesta a cualquiera, solo que hay personas con más talento para que les chupe... quiero decir, para no darle importancia al asunto mucho más rápidamente. Y la verdad que me cuesta bastante esto.

Y unos tres años después, retomo el texto…

Podría decir que parte de lo escrito se sigue aplicando, pero años después uno debería haber adquirido algo de experiencia. ¿No es eso la experiencia? Seguir transitando la vida y aprender. Poco, mucho, algo. Pero aprender.

De todas formas, no quiero hablar solamente de mí. Pasemos al terreno práctico (desde la teoría):

Al ser una especie gregaria (o sea, con tendencia a agruparse) resulta lógico que busquemos encajar. El problema se da cuando no lo logramos. No es una situación nada de fácil. Pero me parece que el tema más importante es cómo lo tomamos.  No está mal analizar el porqué, ya que nos servirá de trabajo interno. Ahora, si nos quedamos estancados lamentándonos o si solo creemos que los demás no nos supieron apreciar (que también puede pasar), no vamos a sacar nada provechoso. Por eso, la auto observación es uno de los mejores caminos.

Una medida interesante puede ser intentar adaptarse a la situación. No me refiero simplemente a “ceder” o a seguir a la masa. Si por ejemplo vamos a un cumpleaños y no seguimos algún juego o entretenimiento que hay, nos estamos alejando de los demás. Los cumpleaños de 15 o los casamientos con sus benditos bailes (queda en claro mi agrado por esas tandas) son una prueba para aquellas personas reservadas y para quienes no suelen tener mucho trato con la gente. Todo bien en la mesa. Ahora, viene el vals y… mmm… viene la tanda de baile, con esa “maravillosa” música llena de letras inspiradoras y… bueno, al margen de la ironía, particularmente aprendí a ser parte de la fiesta, porque eso es. Y a sumarme en gran medida. Claro que hay ritmos o momentos en los que digo “hasta acá” y me voy a sentar. A guardar energías para la próxima tanda.


Por último, intentemos ponernos en el otro lugar: cuando rechazamos a alguien. Sí, porque también lo hacemos. Obvio que tenemos derecho a hacerlo pero, ¿cómo lo hacemos? ¿De qué forma? Si somos muy secos estaremos haciendo algo que, cuando nos lo hacen a nosotros, posiblemente nos moleste mucho. ¿Y si rechazamos a alguien del sexo opuesto o mismo sexo? Bueno, lógicamente que la situación es más cómoda si quien se acerca concuerda con nuestro gusto sexual. ¿Y si no? Ahí si te quiero ver… Por eso, tener una mente flexible es importante, para situaciones como estas. Creo que está bueno tratar de expresar lo que sentimos, tratando de no dañar al otro. Claaaaro, una especie de equilibrio (sé que les extrañaba que no apareciera esta palabra en este escrito)… O más fácil: diplomacia. Esa palabra la conocemos. Y no tenemos por qué creer que solo se aplica a políticos o símil. Nosotros también la podemos usar. Recordar que la intención es tratar de decirle las cosas a la otra persona de la mejor manera posible, pero siempre respetándonos a nosotros también, a la decisión que tomamos. “Trata a los demás como quieres que te traten a ti” (frase adaptada)…

domingo, 16 de julio de 2017

La gente “normal” y la opinión de la mayoría


Es usual que la gente quiera persuadirnos con sus opiniones. Se hizo tan corriente, que ni cuenta se dan. Bueno, más bien, no “nos” damos cuenta, porque también nos pasa.

En el afán de expresarnos, terminamos queriendo imponer nuestra idea. Diferente es cuando 2 personas expresan su opinión con argumentos. Puede pasar que ambos (o más de 2) terminen entendiendo que todos tienen un poco de razón. Pero en general, se busca ganar la discusión.

Luego de esta introducción, me interno en el tema que verdaderamente me interesa: como somos influidos por la opinión de la mayoría. Sí, me refiero a la mente masa. Esta influencia es mucho más importante de lo que pensamos. También es cierto que nuestras formas de pensar tengan que ver con un rejunte de otras ideas; sin embargo, lo importante es convencernos REALMENTE de las mismas. Más claro: que no repitamos lo que escuchamos o leímos porque sí, sino que formemos nuestro pensar con las ideas en las que creamos ciertamente, sea por una cosa o por otra. Si repetimos como loros, sin discernir, estamos fritos…

Hay algo muy peligroso en el proceder cotidiano y es actuar de una manera porque la “mayoría” lo dicta. ¿Y qué importa lo que piensen? Bueno, puede que algo importe. Si decimos que nos parece una estupidez la censura del cuerpo humano y salimos desnudos así nomás, podemos terminar detenidos. A lo que voy es que hay que tener sentido común. Como ya habré expresado en otro escrito, no hay que actuar siempre igual. Podemos tener una base como personalidad, pero es muy importante saber ADAPTARSE A LA CIRCUNSTANCIA.

Siguiendo un poquito con esto de imitar el comportamiento de la masa, es notorio resaltar que “Las mayorías casi siempre se equivocan”. Esto nos recuerda el concepto de lo negativo que es seguir al rebaño dormido, sin reflexionar sobre lo que se está haciendo. Una persona aislada piensa. A partir de 2, se genera un conflicto de intereses. Y mientras más grande el grupo, más difícil se hace. A menos que se tenga la voluntad necesaria para decir: “Yo no lo hago”. O “yo lo voy a hacer”. Claro que, en este caso, hay que prepararse a la posibilidad de salir del grupo en cuestión.

Por otro lado, hay una palabra que suele darse por entendido su significado. Me refiero a: normal (y derivados). Normal suele ser lo que acepta la mayoría, lo cotidiano, lo usual, lo habitual. Pero: ¿qué es normal para cada uno? Cuando se acusa a alguien de no tener códigos, en realidad se quiere decir que esa persona no comparte los mismos códigos. También tenemos un ejemplo típico de la sociedad. Una persona que no es gorda ni flaca, o sea “normal”, no tiene una definición similar para todos igual. Se suele aceptar que alguien flaco es normal. Sí, claro. ¿No lo notaron? Me refiero a que el estándar (una palabra más acorde) es la persona casi chata, sin panza. Con algo de pancita, es rellenita o gordita. ¿Y el punto medio? Nuevamente, conflicto de intereses.


En muchos escritos he hablado del punto medio o del equilibrio (incluso uno dedicado exclusivamente a aquello). Bueno, en este caso vuelvo a recomendar no ser extremista mental. Y a respetar más la opinión de los demás, aunque no necesariamente compartirla. Y a respetar-se la propia opinión; a no desvalorizarse. Y a recordar que si uno es llamado raro, mejor. Para que tener ‘la mediocridad de los normales’… Por supuesto, a mantenerse atento y vigilante para no caer en la arrogancia de creerse superior por ser diferente.